Mitad de semana
A diferencia de ayer, hoy la jornada en la tienda ha sido genial. El curso, ha rayado el aburrimiento, por que si bien hemos visto fotos de proyectos de diseño muy interesantes, no hemos hecho nada práctico. Menos sueño que ayer, pero como hemos cambiado de aula, podíamos oir el transurso del partido, pues la pared del aula daba al bar que el local tiene de vecino y bueno... ha habido momentos que parecía que la tele estaba en la misma aula, menuda escandalera (Bien por el Barça)
El momento más triste del día ha sido a las 4 y media de la tarde cuando me he encontrado a un gatito casi muerto en la entrada de mi casa, a los pies de la escalera, en la terraza. Es de una gata que nos visita a menudo. Supe que había parido hace cosa de un mes, y como es habitual en las gatas, que cambian a sus crías de sitio a menudo hasta que pueden valerse por si mismas, a los pequeñines se les ha oido maullar pero no les he seguido mucho la pista. Creo que tuvo 5 pero ahora mismo no se cuantos le quedarán. La verdad, creo que la gata los ha dejado morir lentamente, y este me lo he encontrado agonizando, maullando, pero se le veía que estaba en las últimas. He tenido tentaciones de llevarlo a un veterinario, pero por la experiencia que tengo, sabía que había poco que hacer. Lo he metido en el garaje, lo he tapado con un trapo viejo, para que al menos, no muriera a la intemperie, y cuando he llegado lo he encontrado ya muerto. A pesar de no ser nada mío, no he podido dejar de apenarme. La muerte es algo que me afecta mucho, pero el sufrimiento me afecta mucho más. En mi anterior trabajo, tuve que hacer curas de urgencia en muchos accidentes laborales de pequeña magnitud. Cortes sobre todo. He visto cortes de todo tipo, el hierro es terrible, (de hecho yo también me corté en varias ocasiones) y también manos heridas por aprisionamiento de máquinas. La gran mayoría eran cortes que aunque aparatosos, con unos puntos se solucionaba. Pero algunas de las heridas eran bastante impresionantes,, como cuando uno me vino con un pulgar colgando, por que su mano había hecho el recorrido de la dobladora.... Bueno, pues lo decía por que, a mi la sangre, no me impresiona, me impresiona el sufrimiento. Recuerdo cuando a un chaval le estaba haciendo la cura de urgencia, antes de que se lo llevasen a la Mutua. Pues aunque le había volado la uña y aquello parecía Viernes 13, lo que más me impactó fue ver que el chaval se desmayaba del dolor (o de la impresión, vamos hay mucho blandengue por ahí). Y en los animales me pasa lo mismo, por que encima no puedes saber lo que les está pasando. Ver ese gatito agonizando me ha dejado un regusto amargo del día. Además, después ha venido una representante con la que tengo mucha confianza y la conversación ha derivado a los animales, y he recordado la muerte de Sara. aunque han pasado ya 4 meses, la sigo teniendo muy presente. Mi Sara está en mi recuerdo como si fuera hoy. Mi gata, mi pequeña, mi adorada Sara. Cuánto la echo de menos. Pero tal vez es mejor así, por que ahora Sara estaría también sufriendo, en silencio, la situación que se vive aquí, y casi pienso que mejor que no la haya visto. Bueno, no quiero acabar el día con amargura, por que en verdad ha sido un buen día, mucha gente, mucho hablar, mucho trabajo. Así como debe ser...

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