miércoles, octubre 03, 2007

Sin planear...

Decidir cada día lo que escribo me supone pararme a pensar, pero cuando me siento como hoy sin una idea determinada hace que mis pensamientos fluyan de una manera más natural. No quisiera repetirme más que el ajo diciendo que ha sido un día fabuloso, que lo ha sido, si no que desearía poder volcar mis pensamientos de una manera limpia y sincera, pero no puedo hacerlo, por que no deseo desnudarme tan fácilmente. A veces hay que mantener un mínimo de intimidad, pero muchas veces me encuentro que necesito expresar lo que llevo dentro y no tengo a quien, por que creo que el mal de nuestros día es la falta de comunicación. Por que así como lo veo diariamente en la tienda y en las consultas, a veces, una buena charla es totalmente terapéutica. Hablar y reir. Es tan necesario reir límpiamente que me cuesta mucho no hacerlo. Yo soy una persona risueña por naturaleza. Me gusta reir, me gusta estar de buen humor. Y reconozco que he pasado épocas muy malas, pero en general, siempre se me ha conocido por mi risa fácil y por mi habilidad para hacer bromas y buscarle tres pies al gato, sobretodo en cuestiones de sexo. Recuerdo que en mi antiguo trabajo siempre estábamos de broma con mi jefe. Trabajando con tantos hombres o te integras y te aficionas a todas las bromas posibles o estás perdida. A mí me costó, es cierto. Entré con 20 años, y con una moral bastante mojigata en cuanto a soltar ciertos vocablos, y acabé hablando como una camionera y en no ser capaz de no contestar al primer síntoma de picardía que me soltaran. Con ello me gané el respeto de todos mis compañeros y después de haber tratado a cientos de hombres, muchos de ellos verdaderos neardentales, tan sólo recuerdo una falta de respeto hacia mí como mujer en casi 19 años, y fue de un cliente, no de un compañero. Y aunque me peleé montones de veces con casi todos acabé haciendo siempre las paces, arreglando las situaciones y mejorando incluso la relación después de haber solucionado el malentendido. Tengo muy buenos recuerdos de todos ellos y muchas veces siento verdadera nostálgia. El cariño que llegué a sentir por muchos de mis compañeros es más fuerte que algunos lazos familiares, y las cosas buenas nos unieron tanto como las cosas malas. Disfruto de verles cuando me encuentro con ellos, me siguen contando sus cosas y cuando viene mi jefe a verme sigo sintiéndome como si todavía fuera algo mío, cuando me habla de los problemas de trabajo, de la falta o abundancia de él, es como si todavía fuera un poco mío, como si no lo hubiera abandonado del todo...
Menudo tocho que he escrito, es que hoy estoy especialmente sensible. El día ha terminado con una consulta que no ha ido como me esperaba. La señora se ha caído de la silla. Con su edad, peso y problemas articulares, hemos tenido que llamar a sus hijos para ayudarla a levantarla. Mi reacción me ha sorprendido incluso a mi. La serenidad que he tenido ha sido un aliciente también para continuar. Mucha gente, cuando me iniciaba en esto, me decía que yo servía, me lo dijeron muchas veces mis compañeras, decían que lo vivía, que lo sentía dentro, y creo que es cierto, aunque he tenido muchas dudas y muchos temores. Pero hoy el percance me ha demostrado que se puedo llegar a ser una buena profesional, aunque me queda mucho camino por delante...